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¡¡ NO TE BAJES... ! ! "
Doña Casimira Fernández de García, muchos años después que, Pancho
Sierra viviera en su casa de Rojas, cargada de edad se hallaba
enferma. Su familia tenia un criado moreno, cuya principal misión era en
tonces ira buscar agua para Doña Casimira a lo de Sierra. Iba siempre a
buscar a caballo usando dos "chifles", que tapaba con el cuero
de oveja que cubría el recado, Estos "chifles" tenían tapas de
madera unidas por un cordón. Un día al llegar a lo de Don Pancho
éste le grito: "¡¡
No te bajes que has perdido las tapas de los chifles y si no las encontrás
va a morir la enferma !!."
El moreno levanto el cuero de oveja, viendo con sorpresa que efectivamente
era cierto que los "chifles" no tenían tapa.
Desanduvo el camino y no hallo por ningún lado las tapas perdidas.
La enferma murió al día siguiente.
YA ES TARDE
Conversaba Pancho Sierra aquel día con el señor Juan Manuel
Montes, en "El Porvenir", serían las cuatro de la tarde. De
pronto Sierra dice: "me
traen un enfermo por el camino, pero ya es tarde, va a morir antes de
llegar".
El señor Montes miró la huella que llegaba a la estancia y no vio a
nadie en todo lo que abarcaba la vista.
Don Pancho le aclaro: "El
coche, viene como a una legua".
Siguieron la charla.
Rato después hacía su distante aparición un coche; viajaba en el mismo
un hombre joven, acompañado de los padres. Doscientos metros antes de
llegar una fuerte descompostura sacudió al paciente, detuvieron el coche
en el camino para atenderlo y la mujer bajó corriendo hacia la casa de Don
Pancho en busca de auxilio.
Sierra y Montes salieron a su encuentro, al tiempo que el primero
le decía a la señora: "Es
tarde; tu hijo a muerto".
Así lo comprobaron al llegar los tres al vehículo: El joven había
muerto! apenas bajo del coche la señora..
¡SE CONVENCIÓ
ENTONCES!
Un vivo de aquellos tiempos se reía de la gente que creía en Pancho
Sierra, y aprovechando que un amigo iba a visitarlo a la Estancia
"El Porvenir", lo acompaño y le propuso poner a prueba la capacidad
de Sierra, haciéndose pasar el por enfermo y su amigo por simple
acompañante o sea alrevés de lo que ocurría, para ver si Don Pancho
sabía tanto.
Así lo hicieron, Pancho Sierra los atendió tranquilamente y le dio
a cada uno un vaso con agua.
No habían hecho una legua en el viaje de regreso cuandondo el que había
ido sano se sintió mal, presa de fuertes dolores pidiéndole al enfermo
que lo llevara de vuelta a ver a Sierra. Este volvió a atenderlos
con su habitual afabilidad, y dio nuevamente un vaso con agua al que ahora
se sentía enfermo, limitándose a decir:
- " Tomá,
Eso te pasa por hablar de lo que no sabes"
poco minutos después se hallaba totalmente repuesto. Sanó también el
que había estado enfermo. Ni uno ni otro le mintieron más a Pancho.
ALGO INCREÍBLE
Recientemente tuvimos la oportunidad de encontrar en la ciudad de Rojas a
una señora la cual nos pidió encarecidamente que no diéramos a conocer
su nombre. La misma nos relato un milagro que, vivió en carne propia.
Su pequeño hijo era ciego,
de nacimiento, visito la tumba de Pancho Sierra, teniendo la
oportunidad de entrar a la bóveda donde descansan los restos del "maestro"
y apoyó sobre el ataúd un pañuelo de su hijo.
De regreso a su
casa, el mismo pañuelo lo colocó sobre los párpados del pequeño; y se
realizó el milagro: Su hijo abandonó el mundo de las tinieblas.
LA SEÑORA AUSTRÍACA
Una señora muy rica, de origen austríaco, residente en la ciudad de La
Plata, padeció durante varios años una afección gástrica que se torno
incurable para los médicos, a pesar de que su situación económica le
permitió hacerse observar por los mejores especialistas de Bs. As. y
Montevideo.
Ya crónica, desahuciada,
vino a Salto a curarse en la tumba de Pancho Sierra. Como no
consiguiera la llave de la misma ni permiso para bajar a ella, esperó que
una persona autorizada a penetrar en la tumba lo hiciera.
Le rogó entonces que
pusiera una mano sobre el cajón de Pancho Sierra y con la otra le
tocara a ella en el vientre. Crease o no, dicha señora es hoy una persona
que goza de completa salud.
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