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Su creación (1752). El Marqués
de Valdelirios. El Regidor Domingo González. El Capitán Bartolomé Gutiérrez
de Paz. Reales cédulas sobre población.
El 17 de mayo de 1752 el cabildo de Buenos Aires acordó se establecieran
tres compañías con destacamentos fijos y permanentes en la frontera “una compañía se situará A las caveseras del Río de los Arresifes
en el Paraje que llaman El Salto; la segunda más allá de El Pago de Luján
a paraje que llaman la laguna Brava y la terzera, en la laguna de los
lobos, entre El Pago de la Matanza y Magdalena más allá dose leguas
cubriendo estos Pagos”. En cada uno de estos puntos se construirá
un fuerte con cuarteles para alojamiento de la tropa, y una capilla para
un sacerdote “que les diga misa y Administre los Santos Sacramentos”.
De cada fuerte debían salir dos patrullas exploradoras, una hacia la
derecha y otra hacia la izquierda, hasta encontrarse con las del fuerte
inmediato, para que pudieran batir todas las fronteras, relevándose las
partidas periódicamente, a fin de mantener una constante vigilancia (Marfani,
Roberto “El Cuerpo de Blandengues de la Frontera de Buenos Aires.
Revista “Humanidades” XIII (año 1933), A.G.N. Acuerdos del Extinguido
Cabildo de Buenos Aires, S. III, T. I p. 215).
En este acuerdo también “para el mejor establecimiento de El Asiento y
población en los parajes expresados y gastos que en ellos se ocasionen,
se nombran tres diputados para cada uno El Suyo y se diputan para la de El
Salto a el Regidor dn. Domingo González...”.
Vemos en este Acuerdo que el lugar de su establecimiento es elegido por el
cabildo y claramente expresado su objeto.
El capitán de milicias Isidro
Troncoso y Lira, oriundo del pago de Santiago de Baradero, comandaba
los 60 Blandengues seleccionados.
La denominación de las compañías fueron “Valerosa”
para la destinada a la frontera de Luján (Mercedes), “Invenzible” para Salto y “Atrevidos”
para la laguna de los lobos, situada luego en el Zanjón (pago de
Magdalena), posteriormente denominada “Conquistadora”.
La compañía del Salto quedó establecida en el lugar el día 21
de junio de 1752 por cuanto del libro de filiación y pagamentos del
A.G.N. (poseo fotocopia) se dice expresamente que “sentaron plaza”.
Dicha fecha la considero de mayor interés ya que marca en mi opinión el
origen del pueblo del Salto.
Luego prosiguieron el servicio otros capitanes y soldados que se fueron
reemplazando.
Los impuestos aprobados para sustentar las compañías era de la mayor
importancia y de necesaria aprobación real.
Por real cédula del 10 de julio de 1753
la
corona desaprobó los “arbitrios” (impuestos) creados para sustentar
las compañías y fuertes y estampó
claramente que a su criterio el medio útil que recomendaba para contener
las invasiones de los indios era el establecimiento de poblaciones en la
frontera. Sin embargo permitía el mantenimiento de las compañías si
los hacendados y vecinos por interés propio lo hacían a su costa (cfr.
Alfredo A. Iribarren “El Origen de la Ciudad de Mercedes”. La Plata.
Archivo Histórico de la Provincia de buenos Aires (1937) p. 15).
Seguidamente
esta real cédula
encargaba al Marqués de Valdelirios, residente en Buenos Aires que
con motivo del tratado de 1750 participaba de la cuestión de límites con
Portugal,
“medite
y discurra los medios a fin de plantificar la idea de reducir a nuevos
pueblos los vecinos que se mantienen
separados de ellos en las dichas estancias y chacras”
y
también que plantifique los arbitrios de ser indispensables (cfr.
Beberina, Juan “El Virreinato de las Provincias del Río de la Plata”
p. 65 (1928) (A.G.N., Reales Cédulas 1752-1765, legajo 6).
Dice el eminente historiador Doctor José
Torre Revello (“Orígenes del pueblo bonaerense del Salto” en el
diario La Prensa del 1º de septiembre de 1935)
que Valdelirios informó en carta del 20 de noviembre de 1755 que
las tres compañías se encontraban desde su creación en los lugares
fijados, “arguyendo a la vez la imposibilidad de plantificar nuevas
poblaciones, debido al poco apego que tenían los habitantes de la campaña
en formar núcleos urbanos, por la facilidad y libertad con que en ella se
vivía; diciendo por otra parte, que los propietarios de las haciendas,
que moraban siempre en la capital, solo estaban de paso en sus
propiedades, valiéndose para las faenas necesarias en sus campos, de
negros y mulatos esclavos, o, en su defecto, de peones “alquilados que
solo viven del salario que gozan”; estampando finalmente que las tres
compañías de blandengues creadas por Andonaegui debían continuar en sus
funciones, sustentándose con el impuesto que se había establecido con
este propósito, aunque careciera de la autorización real que fijaban las
leyes y cuya confirmación solicitaba”.
“Mientras la carta de Valdelirios iba en camino a su destino, un vecino
de Buenos Aires, llamado Domingo
González, le entregaba al mismo, un
escrito que fechaba el 14 de enero de 1756, en el que manifestaba que
habiendo llegado a su noticia que se intentaban crear nuevas poblaciones
para detener las hostilidades de los indios, señalaba como lugar
conveniente para levantar una de ellas, en el “Río de los Arrezifes en
el lugar que dicen del Salto”, por ser lugar apropiado y de buenas
tierras. Hacía destacar González en su escrito que la región era
abundante en piedras, que serían utilísimas para la construcción de sólidos
edificios”.
“En el Salto, refería el proyectista, se hallaba ubicado el
fuerte de San Antonio, “que hize construir siendo regidor y diputado,
para la habitación de la Compañía de blandengues, que allí reside,
siendo su construcción de la piedra, que en aquel sitio se halla”.
Manifestaba además que en caso de elevarse la población propuesta en el
Salto, en ella podían morar algunas familias que vivían diseminadas en
miserables ranchos en las cercanía de Arrecifes, Arroyos, Pontezuelas,
Pergamino y Las Hermanas, y de esa manera, sería cosa fácil celar sus
costumbres e instruirlos debidamente, con el fin “de
que no viban al simil de una Bandada de Palomas que se esparraman por el
campo”. Para acrecentar la población, era conveniente que los
puestos de tropa que integraban la compañía de blandengues allí
destacada, se otorgasen a individuos casados que llevasen a vivir consigo
a su prole, y que para las vacantes que por muerte u otra causa se
produjeren en lo futuro se nombrasen a los hijos mayores de 20 años de
los individuos que formaban la dicha compañía o, en su defecto, a
personas ya avecindadas que tuvieran consigo a sus familias. En su
interesante proyecto, seguía exponiendo González otros medios
conducentes a la estabilidad y progreso de la población, ofreciendo
construir a su costa la iglesia que debía levantarse en el lugar, con su
correspondiente vivienda para el sacristán o cura que la fuera a
asistir...”
“Todo lo propuesto por González –prosigue Torre Revello- pareció
excelente al marqués de Valdelirios,
por lo que al elevar casi inmediatamente a la corte dicho memorial, con
oficio de 26 de marzo de 1756, apoyaba decididamente la fundación de un
pueblo en el Salto, manifestando en el mismo lugar que le haría
expedir inmediatamente al proyectista el título de “Comisario de
aquella Población”, a la par que le confiaría la autoridad necesaria
para iniciar enseguida la creación del nuevo pueblo. Sin
embargo, objetaba que con alguna anterioridad a lo propuesto, por
iniciativa del capitán Sebastián Gutiérrez de Paz, jefe de la compañía
de blandengues allí destacada, se habían trasladado ya al mencionado
lugar las familias de quince de sus soldados, con el propósito de
atenderles y de cuidarles en todo lo necesario a sus personas”.
“De esta manera -como leemos- el
pueblo ya había surgido, aunque en forma muy reducida todavía, quedándose
en este caso a González la obligación de fomentarlo y acrecentarlo,
siendo de su obligación también el recoger y aglomerar aquellas familias
que desordenadamente vivían en la campiña, en “tierras ajenas, con
quasi ninguno vienes atenidos a un pedazo de carne que mendigan, o por
mejor decir que abenturan, y sus pocos caballos para pasearse por la campaña
de rancho en rancho, pasando la maior parte de su vida metidos en los
vicios, que les acarrea la ociosidad, y con poca o ninguna obediencia a
las justicias”, según expresiones textuales del propio González,
contenidas en su proyecto relativo a la nueva población”.
Todo lo precedentemente transcripto de Torre Revello nos parece impecable.
Y si a los hechos que expone le atribuye ser el origen del pueblo
bonaerense del Salto su opinión no puede ser otra que esta es la época
de su fundación, aunque no emplee esta palabra, reconozca que no se hizo
de acuerdo a las leyes, ni designe sus fundadores o fundador.
Volveremos sobre este aspecto.
Por mi parte agrego una referencia que considero de capital importancia,
ya que Valdelirios en carta al Cabildo el 12 de mayo de 1756 le recomienda y
dice “Asser de modo de quede suficiente caudal para mantener la compañía
en el Salto, donde tiene noticia de un principio de población y que con
poco fomento se podrá cumplir con lo que su majestad manda”. La noticia
le fue informada por el regidor Domingo González (A.G.N., Sala IX, 19.2.6
fs. 229/230. Salvadores, Antonino, Marcelino Ugarte, en publicaciones
del Archivo Histórico de la Provincia de Buenos Aires, historia de la
Provincia de Buenos Aires y formación de sus pueblos, tomo II, La Plata,
1941, ps. 429/430).
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